lunes, junio 15, 2015

Las normas éticas de un demócrata cristiano.

 Comentarios acerca de una declaración oficial.


He leído con atención el documento emanado de la Directiva Nacional del PDC bajo el título “BUENAS PRÁCTICAS EN ÉTICA, PROBIDAD Y TRANSPARENCIA DEL PARTIDO DEMÓCRATA CRISTIANO”.
Quisiera creer en que quienes lo aprobaron, leyeron previamente el texto, entendieron su contenido y están de acuerdo con ello.
¿Será que comprendieron lo que antes no les parecía relevante?
Porque en la campaña, la candidatura que encabezó Hormazábal planteó la mayor parte de estas medidas (y otras más exigentes aun), pero fue reiteradamente contradicha en por los representantes de la lista que encabezaba Pizarro, quienes eludían el tema ético. Me alegro de que ahora se vayan dando cuenta de que es necesario tomar medidas radicales, especialmente cuando el presidente del Partido no es capaz de distinguir (y menos asumir) las responsabilidades éticas propias de un militante DC.
Se ha elaborado una guía de buenas prácticas, que es como decir a los niños cuáles son los mínimos tolerables para su comportamiento. Parece que a los actuales directivos, parlamentarios, ministros y militantes hay que explicarles que la doctrina demócrata cristiana es exigente justamente por ser un partido que propone una transformación profunda de la sociedad. Es cierto que no podemos sorprendernos cuando tantos militantes y dirigentes no consideraron parte de sus prioridades en 1973 la defensa irrestricta de los derechos humanos y de la democracia, al declarar y aplicar actitudes de curiosa tolerancia cuando no apoyo a la dictadura derechista de Pinochet y los suyos. Este tema lo trato extensamente y sin tapujos en mi reciente libro “La Rueda de la Historia”, donde reitero mis exigencias ante otras debilidades doctrinarias en la conducta de los directivos, como por ejemplo el respaldo directo del anterior presidente del Partido al régimen capitalista olvidando la naturaleza del proyecto histórico del PDC. Y no está de sobrante destacar que también es una grave violación a la ética el comportamiento de aquellos que hacen caso omiso a los acuerdos del máximo organismo del PDC (V Congreso Ideológico de 2007) y reciben aportes de empresas o apoyan la mantención de las AFP.
Les preocupan la probidad, transparencia y financiamiento de la actividad política, sin hacer mención alguna a que ellos mismos han tenido conductas reñidas con la ética de la DC, en estos y otros temas. Pareciera ser que ellos suponen que están “refundando” el PDC y dictando normas ante algún tipo de vacío. Y emiten una “guía”. Claro, no se atreven a poner altas exigencias pues algo les dirá en su precaria conciencia que sus propios comportamientos no han sido precisamente modelos de “probidad, transparencia y financiamiento de” su actividad política.
Da gusto, más allá de ironías y sarcasmos, ver que parten sus afirmaciones recordando la doctrina humanista cristiana y la valoración que el PDC hace de la persona humana como centro de su preocupación. Bien por este recordatorio de los redactores del documento a sus propios líderes: “La inspiración esencial del Partido Demócrata Cristiano es el Humanismo Cristiano y su finalidad es la acción política orientada a construir la convivencia en una sociedad sustentada, precisamente, en los valores y principios de esa inspiración. La doctrina del PDC tiene, pues, su fundamento primordial en el respeto de la persona humana. Y, desde este principio, surge nuestra concepción de otros valores como son los de la solidaridad, de la justicia y del bien común en que debe sostenerse, tanto la acción política como la convivencia, la lealtad y la fraternidad partidaria.”
Este párrafo se refiere precisamente a lo que los dirigentes actuales y de la anterior directiva de la que son continuadores habían olvidado. La forma en que se llevó la campaña, con ciertas excepciones, contraviene estas categorías, particularmente las que se refieren a “la convivencia, la lealtad y la fraternidad partidaria.” El acarreo de militantes que no participan del PDC pero van a votar, el clientelismo, la manipulación de las declaraciones, el uso indebido de los recursos estatales y municipales, las presiones de alcaldes y parlamentarios, la negativa reiterada (con algunas excepciones) a participar en los debates, la descalificación de los candidatos que se les enfrentaban, son solo algunas de las manifestaciones de una conducta que violenta las normas a las que ellos ahora (bendita sea la conversión) pretenden adherir y hacer cumplir.
Después de años de violación de todas estas normas y ante la emergencia que se ha desatado en el país al descubrirse las graves y reiteradas faltas a la ética en que muchos dirigentes políticos han incurrido, se sienten obligados a recordar a los militantes que es necesario mantener los valores que nuestra doctrina proclama.
Cuando nosotros sosteníamos como uno de los pilares fundamentales de nuestra campaña “la recuperación de la ética en la política”, callaron o denostaron el argumento, pese las revelaciones que el país iba conociendo. Cuando dijimos que era necesario “rescatar la doctrina”, ellos se burlaban diciendo que había que hablar de las cosas concretas, de los proyectos de ley, no dándose cuenta al parecer que las soluciones específicas deben ser el resultado del pensamiento y no de las encuestas.
Lo más insólito es que esta directiva, fruto de la alianza de fracciones de poder, de grupos destinados a controlar el partido para intereses mezquinos fundados en “supuestas sensibilidades”, pretende criticar justamente eso. Lo que le ha hecho daño al Partido son estas prácticas de las que han hecho gala fracciones (facciones, a veces), marginando militantes, nombrando y perpetuando en cargos o posiciones a los incondicionales de los líderes, ingresando a nuevos militantes sin pasar por ningún tipo de control o capacitación solo para allegarlos a sus grupos. Los vemos a lo largo y ancho del país, con grupos de militantes que sirven a líderes y no al PDC. Todos hemos tenido experiencias al respecto, viendo por ejemplo cómo se ceden espacios donde el grupo o fracción no tiene un candidato y se pelea a muerte por cupos en los que están los preferidos. Negar esto es como querer ocultar el sol con un dedo.
Ante este manejo de los grupos (guatones, chascones, príncipes, colorines) que se aliaron para evitar o postergar la rebeldía de muchos militantes, logrando una especie de consenso de los que se han distribuido las cuotas, militantes de diversas partes del país nos agrupamos para, como decíamos, rescatar la doctrina DC, la ética política y el carácter popular del PDC. Nos hemos constituido en una comunidad de ideas y voluntades de acuerdo a la doctrina del PDC: por eso nos hemos llamado Vanguardia, ya que queremos ser al partido lo que éste debe ser a la sociedad, de acuerdo con las propuestas de Maritain recogidas por Jaime Castillo Velasco. Pretendemos terminar con el manejo que ha tenido el Partido por décadas y las consecuencias nefastas que nos han llevado a la caída en la confianza y el apoyo del pueblo. Estamos en un pésimo momento, pese a lo cual los dirigentes quieren hacernos creer que hemos estado ganando cuando en realidad hemos perdido un millón de votos en pocos años y hoy, manteniendo porcentajes, hemos disminuido en números reales al haber contribuido a debilitar la democracia con el absurdo sistema de voto voluntario que se impuso con el apoyo de la DC.
Esta dirección política (la anterior directiva y la actual) ha llegado al extremo de cerrar puertas a los militantes que no les sirven a sus intereses, creando espacios claramente excluyentes para que los suyos tengan trabajo mientras les demuestren el apoyo irrestricto.
Hacemos nuestra la invocación del documento que comento: “Guiando la conducta pública y privada por estos principios, tanto nuestra vida partidaria como nuestra acción política, será capaz de demostrar que los valores supremos del humanismo cristiano no son una pura utopía, sino que una verdad susceptible de ser vivida por cada uno y por la Humanidad toda.” Lo que quisiera, es ver que esa declaración es verdad para los que la firman.
Es sorprendente apreciar que, al referirse a la revelación de los hechos que comprometen a políticos y empresarios en actos de corrupción, la directiva lo hace como si se tratara de hechos ajenos y no considerara el involucramiento de militantes DC y familiares suyos en cuestiones claramente sospechosas. Nuestro deber no es sólo exigir que “los políticos” cumplan con la ética, sino que debemos exigirnos a nosotros mismos con el más alto estándar. Por cierto que más vale tarde que nunca, pero las medidas que se propone adoptar jamás debieron ser abandonadas. Porque ellas estaban vigentes en nuestro Partido hasta que los actuales grupos y fracciones se apoderaron de él casi sin contrapeso.
El ingreso de militantes hoy es sin ninguna preparación, sin pre-militancia ni capacitación doctrinaria. Hay casos increíbles: personas que entran a militar al Partido cuando son nominadas para un cargo local a instancias del diputado de la zona. Son sus amigos que ocuparán espacios preparando la próxima reelección. Incluso hay casos de personas que cambian de región e ingresan al PDC, pese a haber estado en posiciones diferentes cuando habitaban en otras partes y todo eso para ingresar en la cuota del parlamentario de la zona. Me parece excelente esta declaración y me pregunto desde cuándo estarán dispuestos a aplicarla. ¿No debiera ser de efecto retroactivo, al menos para los que han ingresado en los últimos meses? Sería muy importante para la claridad del ingreso, por ejemplo, que el patrocinio de dos militantes que se pide lo restrinjan a quienes no son parlamentarios, concejales, alcaldes ni dirigentes territoriales del Partido. Es decir, simples militantes. Es una forma quizás de ir poniendo obstáculos al clientelismo.
Si se propone como segunda medida que “El comportamiento de los militantes debe ser consistente con los principios y valores que dicta la doctrina del Partido y el cumplimiento de las normas que rigen la vida partidaria”, deberá recordarse a los senadores y diputados que el Partido no es de centro sino de vanguardia, que no cree en las tradicionales izquierdas y derechas y que está por la sustitución del régimen capitalista imperante para construir una sociedad sustentada en la persona y la comunidad. Todo esto porque ellos parecen no estar suficientemente enterados y sus conductas no son consistentes con esos aspectos de la doctrina y principios del Partido ni con los valores que de ello se derivan.
Dice la declaración que “Los militantes que se aparten de tal comportamiento, pública o privadamente, o los que incurran en conductas que puedan tener carácter delictivo, podrán previa audiencia ante la Comisión de Ética o del Tribunal Supremo, según corresponda, ser amonestados, o bien, suspendidos en su militancia y, en su caso, separados o expulsados del Partido.” Mi pregunta es si esto se aplica a los dirigentes y parlamentarios o ellos están por sobre el bien y el mal. Porque así pareciera. Estamos hablando de incurrir en transgresiones a los principios y a la ética que de ellos se concluye y no frente a delitos. Por ejemplo, cuando una dirigente, representante popular ante organismos regionales, ex ministra, ex parlamentaria, adhiere a un movimiento neoliberal, se pone en contraposición de todo lo que hace el gobierno del cual forma parte la DC, ¿no debería ser sancionada? Porque cuando muchos de nosotros así lo pedimos, el Tribunal la absolvió. Faltó poco para felicitarla por sus conductas. ¿Esas autoridades a las que alude la directiva actuarán de oficio o será necesario petición de algún militante? ¿Qué pasaría si se supiera que un Ministro de Estado pidió dinero a una empresa privada para recuperar sus deudas de campaña? Eso no es delito, pero claramente infringe la ética y los acuerdos del Partido. ¿Se le debe sancionar? Y si un parlamentario, por si o por terceros, sean o no militantes, sean parientes o amigos, gestiona aportes de empresas en forma claramente ilegal, ¿se le deberá sancionar? Y si un militante, ex dirigente, ex embajador, de cierta importancia, se convierte en gestor de dineros e intermediario de estas solicitudes, ¿deberá ser sancionado?
Pregunto todo esto, por ejemplos de ese tipo han sido muchos y en todos ellos las directivas de Walker y Pizarro han tenido una actitud diferente de lo que ahora se plantea.
En la campaña fuimos criticados por proponer lo que ahora la nueva directiva asume como propio en su declaración: “Los militantes que hayan detentado un cargo de representación popular o de Gobierno no podrán, hasta después de un año, asumir labores (directivas, gremiales o asesoras directas de estas) en el sector privado, vinculadas a las áreas o rubros en las que hubiesen intervenido como, fiscalizadores o reguladores, en razón de las funciones públicas desempeñadas.” ¡Cuánto me alegro de este cambio de actitud, pese a que la norma sigue siendo suave!
Muchas de estas declaraciones que ahora se formula fueron parte de nuestras posturas calificadas como extremas o exageradas por el discurso de la lista que ganó las elecciones. Me produce gran satisfacción que se vea esto como lo mínimo que se puede hacer.
Respecto de los temas de la vida partidaria, hemos reclamado de la falta de fraternidad, de lealtad, de solidaridad y de probidad. Se nos dice que habrá que ajustarse a lo que dicen los estatutos- ¿Cuáles estatutos? ¿Los que figuran en la WEB? ¿Los que están registrados en el Servicio Electoral? ¿Los que circulan en papeles impresos? Porque parte de nuestra crítica a las directivas saliente y actual es justamente la imprecisión en estos tópicos, pese a que nunca nos ha gustado la ley de partidos (a la que nos opusimos desde 1987 cuando otros la celebraban), pero estamos convencidos de que si no la cambiamos debemos respetarla. Hemos sido duros críticos, por ejemplo, sobre la forma de elección y la composición del Tribunal Supremo, pues no se ajusta ni a la ley ni a ninguno de los estatutos que se hacen circular o se registran en el Servicio Electoral. ¿Esa no sería una falta a la ética?
En la última campaña planteamos la necesidad de fortalecer el trabajo de las bases vecinales y la vida partidaria en las comunas. También en ello se nos ridiculizó. Algunos de los candidatos de la lista que encabezó Pizarro llegaron a mofarse acusándonos de “viejos y anticuados”, porque ahora la forma de comunicación debe ser prioritariamente por internet. Algunos de nosotros somos viejos, pero no anticuados, porque creemos que el contacto personal jamás será reemplazado por otros sistemas. Internet es un gran complemento y nada más. Valoramos que ahora hayan cambiado su posición, asumiendo que “la convivencia partidaria es esencial”.
¿Qué entienden los redactores de esta declaración cuando dicen: “Los dirigentes o autoridades del Partido y los militantes que detenten cargos de elección popular o de Gobierno son líderes y, atendiendo a su calidad de tales, se les exige una conducta y comportamiento ejemplar, esto es, por sobre los estándares exigidos a sus militantes.”? ¿Querrán decir, por ejemplo, que encubrirse en las conductas de los hijos, de los amigos, de los parientes o de los subordinados no es correcto? ¿Qué eso puede ser una falta ética?
Se conmina a poner hechos de este tipo en conocimiento de la Comisión de Ética o del Tribunal Supremo. Cuando algunos de nosotros, integrantes de la lista que encabezó Hormazábal, lo hicimos, recibimos críticas, denuestos, agresiones y un rechazo frontal de un Tribunal que demostró inconsistencia lógica, insuficiencia jurídica y falta del más elemental sentido del deber.
Esperamos que esto signifique un cambio de actitud de esta directiva y del Tribunal que le es tan obediente. Lo menos que podríamos esperar es que, una vez formulada esta declaración y leída por los integrantes de dicho organismo, ellos renuncien a sus cargos por falta de autoridad moral para seguir ejerciéndolos, atendidas sus resoluciones abiertamente violatorias de los principios del PDC.
Quiero que se entienda que no critico esta declaración, sino que pido a los que formulan dos cosas. Primero, reconocimiento de que cuando planteamos esto estaban en contra y que han cambiado de postura. Segundo, que estas medidas se apliquen consistentemente y sin reservas, aunque afecte a las más altas autoridades que hoy están en ejercicio o que han dejado sus cargos.
Porque se pide consistencia: ¿Eso sólo será a futuro? ¿Quiere decir, entonces, que hasta ahora era lícita la violación de los principios del PDC, sus valores, su doctrina, sus estatutos, sus acuerdos? ¿Quiere decir que se cohonesta todo lo hecho por los dirigentes hasta este momento? ¿Una especie de amnistía? ¿O se aplicarán los criterios que hemos sostenidos para los violadores de derechos humanos: imprescriptibilidad y responsabilidad permanente?
Me temo que tras esto haya un intento de blanquear sepulcros en la hora de las exigencias. Esta declaración no es una nueva reglamentación, sino que se limita a reponer en la memoria de los dirigentes del PDC lo que nunca debió olvidarse.
Cuando la lista en la que fui candidato obtuvo el 20% de los votos, sentí que sin haber hecho acarreo alguno, habíamos concitado un altísimo porcentaje del PDC real y activo, que adhería a ideas y propuestas y no simplemente a cuotas de poder. Hoy, siento que eso se valida y creo que ese 20% podrá acrecentarse en la medida que los que ganaron empiezan a virar hacia nuestras posiciones: rescatar la ética, la doctrina y el carácter popular del PDC

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