miércoles, mayo 25, 2011

comentario 3 en www.cooperativa.cl

HACIA EL CAMBIO NECESARIO

Decía en mi columna de la semana pasada que “las discusiones de hoy, por primera vez, están plagadas de emocionalidad, lo que hace ciertamente difícil resolver los conflictos y tomar decisiones. Las ideas sirven para canalizar las propuestas y las emociones para encender la lucha. Por ello, las emociones sin las ideas no pueden servir de base a formulaciones políticas. Y las ideas sin emociones dejan fuera al ser humano integral y sus decisiones terminarán siendo siempre resistidas. En este cambio de era hay que sentarse a la mesa con ambas realidades y tratar de permeabilizar una y otra hasta lograr por lo menos una disposición a llegar a entendimientos y acuerdos.”

Esta emocionalidad es la que ha permitido que vuelvan a la calle manifestaciones de protesta como las más importantes de la época de la dictadura. Y no es que ahora haya dictadura, aunque muchos de los que fueron su sustento – personas y grupos sociales y económicos – son los que dan respaldo al actual gobierno y lo integran. Lo que sucede es que después de 20 años de ejercicio de una democracia restringida y vigilada, centrada en minorías que chantajean a las mayorías gracias a un sistema electoral injusto y en pequeñas cúpulas autorreelegidas, se está produciendo un agotamiento en amplios sectores de la población. Todo cabe en la misma protesta: son las demandas de una sociedad que comienza a movilizarse sola frente a la autarquía y el aislamiento de la autodenominada clase política.

Claramente no hay liderazgos precisos, porque son muchas las propuestas distintas que avanzan por un mismo cauce, sin satisfacciones importantes, sin respuesta a los problemas acuciantes, sin un destino claro al que podríamos estar avanzando como sociedad. La falta de liderazgo deja un vacío que es llenado por agitadores del desorden y violentistas, delincuentes y desesperanzados, que no ven sino en la piedra la solución para expresar sus frustraciones, su irritación, su ira concentrada.

Como nunca es necesario que fuerzas organizadas – podrían ser los partidos políticos si acaso creyeran en sí mismos y en la democracia – orienten y canalicen la demanda social, mediante mecanismos organizados de participación, aunque sean “extra sistema”, ya que mientras no existan decisiones en orden a fortalecer efectivamente la democracia con la ampliación del sufragio y otros mecanismos institucionales de participación política, habrá que crear espacios e instrumentos que den al pueblo sentido en su actuar.

Hoy las emociones han vuelto a salir a la calle. Con el lema de la alegría se derrotó a Pinochet, aun al precio de consolidar su sistema institucional y económico. Pero ahí quedó todo. Hoy es la ira la que ocupa el espacio. Lo que necesitamos son respuestas que despierten la esperanza y el deseo de felicidad en la ida concreta, pero con ideas que nos encaminen hacia una sociedad justa y participativa.

No están las ideas, porque no hay voluntad de tocar un sistema que asegura a los que detentan el poder la continuidad. Los centros de estudio están interesados en discutir sobre la administración de una forma de vida que les acomoda a las minorías gobernantes, en lugar de buscar la sustitución del régimen mediante proposiciones de cambio.

Es la hora del cambio, de la mirada distinta, de la propuesta audaz, de la rebeldía encauzada hacia la construcción de un nuevo orden de cosas.

Es la hora del despertar aunque con ello se desaten fuerzas que no controlaremos plenamente, pero que permitirán avanzar hacia una sociedad guiada por otros preceptos.

martes, mayo 17, 2011

Comentario 2 en www.cooperativa.cl

En el cambio de era, sembrando la paz

El mundo de hoy vive un proceso de transformaciones nunca visto en la historia, por su profundidad, amplitud, velocidad y extensión. Desde el fin de la segunda guerra mundial, pasando por la creación de Naciones Unidas, la declaración de los derechos humanos, la creación del Estado de Israel, las crisis democráticas de América Latina, la independencia de los países de Asia y África, hasta llegar a la gran crisis del socialismo real y su desmoronamiento, el siglo XX fue testigo de una transformación radical de la sociedad internacional y del modo de vida de los seres humanos. La incorporación de China – en lugar de Taiwán – en las Naciones Unidas y la recomposición del mapa de Europa, el desarrollo del petróleo y la revolución tecnológica, dieron paso a nuevas miradas y enfoques sobre los procesos sociales y políticos que nos han llevado a caracterizar estos primeros años del siglo XXI tanto como una era de cambios como un cambio de era.

Las relaciones humanas han cambiado, porque han cambiado las comunicaciones, los conceptos, las informaciones y lo que antes no se sabía hoy se conoce y los secretos se han estrellado contra la ansiedad de transparencia. El aire ha suplantado al agua como medio de desplazamiento y ello ha traído consecuencias insospechadas para todos. El mundo del siglo XXI es radicalmente distinto del de los veinte siglos anteriores, porque nunca ha sido tan evidente la riqueza y tan evidente la pobreza, porque nunca como ahora hay tanta acumulación de poderes económicos y políticos en pocas manos y hay tanta marginación y miseria esparcida por el mundo.

Lo que antes fue la guerra fría o la polaridad enfrentada a los no alineados, hoy se ha convertido en un mundo con tendencia uniforme, donde el capitalismo campea con su ética y su estilo, transformando a los que fueron ciudadanos en consumidores y a las democracias en mercados. La exacerbación del hedonismo y el consumo alejan a los seres humanos de sus preocupaciones solidarias y de la orientación hacia sociedades con aspiraciones de justicia y respeto.

Este es un tiempo de contradicción y controversia, en el que unos se sienten dueños de la verdad y de la conducción de la sociedad, mientras grupos todavía minoritarios construyen espacios de esperanza y a veces de lucha contra los órdenes totalitarios y totalizadores, los sentidos unívocos y las respuestas únicas a los problemas. Aunque se ha intentado hacer desaparecer las ideologías remitiendo las soluciones de los problemas a medidas concretas dentro de ámbitos técnicos, lo real es que las doctrinas y las ideologías seguirán siendo un marco de referencia, en la medida que sitúen correctamente su enfoque a la solución de los problemas. Porque la vida de los seres humanos no se reduce a cuestiones técnicas, sino que ellas deben supeditarse a los valores principales, a los grandes principios, a los programas globales de organización de la sociedad.

Las discusiones de hoy, por primera vez, están plagadas de emocionalidad, lo que hace ciertamente difícil resolver los conflictos y tomar decisiones. Las ideas sirven para canalizar las propuestas y las emociones para encender la lucha. Por ello, las emociones sin las ideas no pueden servir de base a formulaciones políticas. Y las ideas sin emociones dejan fuera al ser humano integral y sus decisiones terminarán siendo siempre resistidas. En este cambio de era hay que sentarse a la mesa con ambas realidades y tratar de permeabilizar una y otra hasta lograr por lo menos una disposición a llegar a entendimientos y acuerdos. Así se sembrará la paz.

lunes, mayo 16, 2011

Comentario 1 en www.cooperativa.cl

Regreso feliz, después de más de 30 años, a ser un comentarista estable de Radio Cooperativa. En los duros años 79 y 80 comentaba dos veces por semana, acerca de la situación política y la realidad de los derechos humanos. Luego, he seguido visitando sus estudios cada cierto tiempo, pero ahora he sido invitado a estas columnas periódicas, para hablar de los temas de hoy.

Después de tres décadas, las formas han cambiado, la tecnología es otra, los auditores y lectores son nuevos, llegamos a todo el mundo. Pero lo crucial no ha cambiado: seguimos comprometidos con los derechos humanos y la necesidad de que las personas puedan aspirar a vivir en libertad y pleno ejercicio de sus derechos cívicos. La radical exigencia de una vida mejor, no tanto desde lo económico, sino sobre todo desde la integralidad de lo humano, continúa vigente y los jóvenes de hoy, que no fueron siquiera testigos vivos de las violaciones, están mirando con renovado interés una temática que los interpela como protagonistas del tiempo que viene.

Hace pocos días la radio publicó un adelanto de mis comentarios a propósito de la muerte de Bin Laden. Cuando sucedieron los atentados a las torres gemelas de Nueva York, sumé mi voz a las de muchos que protestaban por tan brutal acción criminal. Pero, con una diferencia: yo advertía en esos instantes que la respuesta de Estados Unidos podía ser equivalente o aun peor, pues tanto el régimen encabezado por Bush como la organización liderada por Bin Laden – socio comercial del Presidente de los Estados Unidos – tenían como lenguaje principal el de la violencia. Uno y otro se realimentaban. Y así fue.

Un viento de esperanzas recorrió parte del mundo cuando Obama sustituyó al petrolero en la Presidencia de Estados Unidos y más aun cuando en una apuesta a futuro, Oslo le otorgó el Premio Nobel de la Paz. Pero cuando es requerido por el mundo del poder, Obama no es diferente de Bush más que en la formas, pues su decisión de matar y no capturar, su sangre fría para ver por televisión el operativo y ni siquiera alterarse – como le pasó a Hillary Clinton -, su convicción de no dar a publicidad los detalles y las fotografías de la muerte del terrorista, lo revelan de un estilo similar, acuñado ya en las conquistas del oeste americano, cuando a fuerza de balas se exterminó a los aborígenes y se organizó una sociedad en la que portar armas es una habitualidad. La grosería de llamar “Operación Gerónimo” – nombre de uno de los líderes más importantes de los primitivos habitantes del territorio que hoy ocupa la Unión - a la misión de asesinar al terrorista más buscado supera todo lo esperado, ya que intenta poner en un mismo nivel y también en un mismo estilo, ambas situaciones.

En El Café de Cooperativa Luis Larraín calificó a Estados Unidos como “la policía del mundo”. Es así, nos guste o no. Y su gobierno actúa con la misma brutalidad, vulgaridad, prepotencia, de la gran mayoría de los policías del mundo, que se sienten todopoderosos e invulnerables, exentos del deber de rendir cuentas. Lo hemos visto en este Chile de “democracia protegida”, aunque afortunadamente acá, algunos de los abusos han sido denunciados y castigados por la autoridad interna ante la evidencia de su gravedad.

La tarea de hoy parece ser la de construir un mundo de paz y concordia, buscar entendimientos y armonía. Pero eso no nos releva de la obligación de seguir denunciando y alzando la voz contra los abusos y los métodos de acción que nos alejan de esas metas. Somos protagonistas de una época de tránsito y debemos asumir con conciencia que lo que hagamos o no hagamos en esta hora dejará señales poderosas para los tiempos venideros y las generaciones que se abren paso en la nueva era.

viernes, mayo 13, 2011

Comentario 0 en www.cooperativa.cl

CAYO BIN LADEN
La caída del jefe de la principal organización terrorista abiertamente conocida marcará un hito importante en el desarrollo de los procesos de guerra y de paz. Por casi dos décadas se le trató de liquidar y cada vez su organización crecía más. Luego del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York (hecho que aun despierta sospechas sobre un posible contubernio de Al Qaeda y la CIA) el gobierno de Estados Unidos, organizando el planeta entre buenos y malos, puso sus mayores empeños en atrapar (así creíamos) a Osama Bin Laden.
Finalmente lo encontró y nada menos que a pocos kilómetros de la Capital de Pakistán, en una zona que es un complejo militar de ese país. La operación debió planearse cuidadosamente y sin lugar a dudas tuvo que existir información de traidores del jefe terrorista, tal como sucedió con la entrega de Saddam Husein. Bin Laden vivía en una mansión sin teléfono ni internet, completamente desconectado de su organización, la que seguía activa, pese a las muerte de varios de sus responsables pri9ncipales en los últimos tiempos. Más aun, a mediados de abril, un comunicado de Al Qaeda anunciaba que si Bin Laden era asesinado, la organización atacaría a Estados Unidos con armas nucleares. Curiosa la advertencia, justo antes de que el jefe cayera. Es decir, a Al Qaeda no le importaba tanto que el jefe fuera capturado, sino que fuera asesinado. La advertencia, entonces, era en serio, puesto que ellos ya sabían que los norteamericanos estaban en la pista, pero esperaban que no fuera liquidado, sino que se le hiciera prisionero.
Claro que es sabido que a ellos no les gusta hacer prisioneros, pues siempre es un problema. Prefieren liquidarlos. El riesgo con Bin Laden era mayor, puesto que podría ponerse a hablar de los distintos entendimientos que tenía con el gobierno y la inteligencia de Estados Unidos, el último de los cuales parecía ser la ayuda a los rebeldes libios, según denunció Khadafi. Esto explicaría la violencia desmedida para el asalto y la necesidad de proclamar cuanto antes su muerte.
Pero quedan dudas… ¿Por qué no fue capturado en lugar de muerto? ¿Por qué se divulgaron fotos falsas si se disponía del cadáver verdadero? ¿Por qué se lanzó el cuerpo al mar en una presunta ceremonia en un porta aviones en lugar de conservarlo o enterrarlo? ¿Cómo se explican el lugar en que vivía, la ausencia de información a las autoridades pakistaníes y la desconexión total del líder de Al Qaeda?
Para quienes creemos en los derechos humanos, ninguna muerte por la violencia es necesaria si es que existe alguna posibilidad de evitarla. Por ello y por la amenaza de hace unas semanas, podemos temer que Al Qaeda intente vengar a su líder atacando, como lo hacen los terroristas, no a objetivos militares, sino a civiles inocentes. La escalada violentista no se detiene aun, lo que nos obliga a seguir buscando la paz.

jueves, febrero 10, 2011

DESCUBRIENDO LOS ÁNGELES

Presentación de Jaime Hales al libro
DESCUBRIENDO A LOS ÁNGELES, una perspectiva sufí
Autor: Sheik Muhammad Hisham Kabbani


Dios bendiga a los presentes y a quienes desde las alturas nos acompañan.
Ningún hombre, cuando recibe un honor, puede asegurar que lo merece.
Ningún hombre, cuando recibe un honor, tiene derecho a sostener que NO lo merece.
Y aquí estoy, sentado ante ustedes, habiendo recibido el honor de presentar el libro “DESCUBRIENDO A LOS ÁNGELES, una perspectiva sufí”, cuyo autor es Sheik Muhammad Hisham Kabbani.
Cuando somos llamados a presentar un libro, debemos hablar del libro, pero siempre, todos o casi todos, caemos en la necesidad de hablar de las experiencias personales, quizás en un intento de compartir ciertos secretos que nos conmueven el alma.
Por eso me he preguntado en estos días: ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo, Señor, recibo este honor? Y siento el viento de los ángeles soplando en mi entorno para decirme que no es por el honor, sino porque ya es hora de que haga lo que debo hacer y no siga esperando.
Los ángeles han sido un tema recurrente en mí y hasta he conducido programas de televisión que tratan del tema.
Mi fe en dios y mi convicción en la existencia y presencia de los ángeles en nuestra vida, es total e inconmovible.
Hace muchos años, creo que en 1967, un intelectual católico chileno, don Julio Philippi Izquierdo, daba una conferencia titulada “sobre ángeles y demonios”, en la que él se hacía una pregunta capital: “¿Qué ha pasado en nuestra sociedad occidental en la que hablar de ángeles es una rareza o algo casi esotérico?” Y luego expresaba su confianza en que eso sería superado, no sabía cómo, pero confiaba en que algo estaba pasando en el mundo que haría cambiar las cosas. Esa conferencia, hace unos pocos años fue editada como un libro y hoy es una obra obligada en las bibliotecas especializadas y se han agotado varias ediciones.
Porque la fe se ha reabierto y los espíritus, en estos 60 años últimos, se han expandido a aceptar los fundamentos de la fe y aun cuando muchas religiones están en retroceso o en crisis, no cabe duda que la espiritualidad y el deseo de construir un mundo que sea el reflejo de la voluntad del dios único, donde los seres humanos nos respetemos y nos amemos, están ocupando un lugar preponderante, y cada vez más.
Recurriendo a las palabras del Sheik Hisham, creemos que la bondad superará a la maldad en el mundo. Por lo tanto, nosotros – dice él en representación de su hermandad y digo yo sumándome a ello - esperamos que ocurran sucesos pacíficos y divinos que cambien la oscuridad de la violencia y la bajeza moral en la que mucha gente está viviendo; que reduzcan la ansiedad, la ira, el miedo y que eliminen las fuentes de conflicto entre los seres humanos.
Cuando, hace unos pocos meses, publiqué mi libro RENACER, algunos me imputaron exagerado optimismo. Cuando leo el libro de Sheik Hisham y sus palabras en los medios de comunicación, me digo: no estoy solo en el optimismo.
Vamos al libro.
Lo primero: estamos ante la obra de un escritor árabe. Eso se nota desde la primera a la última línea, por su hermosa combinación de hechos y metáforas, la voluptuosidad de las descripciones, los detalles, el valor de la belleza y de la naturaleza. No puedo evitar que me recuerda ese mágico libro de la cultura árabe llamado ALF LAYLA WA LAYLA, las mil noches y una noche. Las descripciones de los ambientes, de las vestimentas de los ángeles, las joyas mencionadas incesantemente, no por su valor económico sino por su belleza: oros, diamantes, perlas, rubíes. Y todo eso desplegándose en la inmensidad de la naturaleza vida, animales y plantas.
Música, colores, luces, vestimentas de diseños y colores variados, paisajes maravillosos.
Pero este escritor es un árabe del siglo XXI, que se refiere a las galaxias y a la magnitud del universo.
Segundo:
Es el libro de un escritor musulmán y por ello no cesa de hablar de dios, el único, el eterno, el conocedor de todo. Recordemos que el árabe es el idioma del islam.
Y el libro mismo es una alabanza extraordinaria a dios y a sus creaciones, el ser humano ciertamente y los ángeles que son su tema.
En el prefacio, Sachiko Murata dice que no se puede comprender el Islam sin los ángeles.
Todas las profundas convicciones del islam se derraman de modo maravilloso en los relatos, con una fe en dios que es difícil de encontrar en el común de los mortales.
Los ángeles – desde su mirada, que con humildad comparto - son mensajeros y actores de historias extraordinarias, algunas situadas en el terreno de lo intangible y difícil de acreditar, otras muy concretas y realistas. Todo ello nos lo relata el autor, con la profunda certeza de estar entregando un precioso material para el desarrollo interior de cada uno de nosotros.
Tercero: siendo un escritor árabe y musulmán, es, entonces, un escritor acogedor, generoso, respetuoso de los pensamientos ajenos.
Ciertos fanatismos contemporáneos, vigentes desde hace varios siglos, han intentado producir una imagen que vincula a los árabes y a los musulmanes a la intolerancia. Nada más lejano a la verdad que ello. Entre los musulmanes, tal como sucede entre evangélicos, católicos, mormones, testigos de Jehová, o cualquier otra religión, hay fanáticos intolerantes.
Pero, para el musulmán, el respeto por los demás es básico.
Nos ha dicho Sheik Hisham: “El Profeta Muhammad (la Paz y Bendiciones sean con él), solía reunirse con los líderes de todo tipo de religiones, y aún con aquellos que no creían. Al hacerlo, él buscaba encontrar los puntos en común y evitaba enfocarse en lo que nos divide. Él creía en dar la bienvenida a todos y nunca daba la espalda a nadie.”
Así fue que en la España musulmana y árabe, los de religión judía o cristiana tenían cabida, incluso en posiciones de relevancia. La contrapartida fue que en la España cristiana, se expulsó, castigó y eliminó a los musulmanes y a los judíos.
El Líbano, tierra tan dolida en estos años, ha sido siempre un espacio de pluralismo religioso. Ha dicho nuestro autor en una entrevista:
• “Tengo muchos buenos recuerdos de mi pueblo natal (Beirut) y de mi niñez hasta que completé la Universidad. Allí, vivíamos en una nación multicultural y multirreligiosa. Gente de diferentes religiones y orígenes culturales; judíos, cristianos, musulmanes y hasta ateos, se sentaban juntos a la misma mesa, y solíamos vivir en paz, en una atmósfera de comunidad basada en el respeto mutuo. Nunca mirábamos la religión que el otro profesaba, sino su comportamiento. Yo asistí a un preescolar francés y a una escuela primaria secular, y luego asistí a un colegio secundario evangélico (donde leíamos tanto la Biblia como el Corán). Finalmente, estudié en la Universidad Americana de Beirut. En todos esos años, nunca experimentamos el sectarismo. La guerra, que comenzó más tarde y envolvió a la nación, fue debido a influencias externas, que buscaban dividir a la gente por propósitos políticos. Aún después de todo ese derramamiento de sangre, los libaneses todavía disfrutan de una sociedad multisectaria y multirreligiosa.”
Cuando la tierra palestina estaba gobernada por musulmanes, todos los de religión judía encontraban allí refugio y protección. Dios quiera que ese respeto se recupere.
En este aspecto debo decir que me resultó emocionante – pues aunque tuve un abuelo musulmán, fui criado como cristiano católico y ortodoxo – observar en la atenta lectura que hice del libro, la forma respetuosa en que el autor se refiere a Jesús y a su madre, a los evangelios y a los discípulos. Sobre María, a quien llama madre del Mesías, tiene párrafos particularmente hermosos.
Cuarto: el autor del libro es sufí, opción tanto de cristianos como de musulmanes u otros creyentes en dios, el único.
El autor nos ha dicho en la entrevista citada, que el “sufismo puede ser explicado como un estado del ser. Es un llamado universal para unir a la gente con el fin de elevarnos espiritualmente, perfeccionar nuestro carácter, y traer plenitud a nuestras vidas. Es el medio por el cual eliminamos el vacío y la falta de objetivos.”
Sheik Hisham es el segundo en la Orden Naqshbandi, que él define como un camino Sufi, una congregación de individuos que se han dedicado a encontrar la Presencia de Dios en ellos. Este Camino revela la conexión con lo Divino, y al hacerlo, revela la conexión de cada ser humano con el prójimo, ya que todos nuestros orígenes son divinos. La Tradición Naqshbandi remonta sus raíces a la época del Profeta Muhammad (la Paz y Bendiciones sean con él), alcanzando al día de hoy, y siempre ha enseñado la excelencia moral y el sostén del alma.
Este es un libro completo en cuanto a la enorme cantidad de información que contiene, especialmente sobre las jerarquías, organizaciones y características de los ángeles.
Lo primero que hace es explicarnos quiénes son los ángeles.
Y luego desenvuelve tres capítulos: el pasado, el presente y el futuro.
Nos dice el autor en la parte más didáctica del libro que los ángeles son una señal de esperanza.
Por cierto, los ángeles existen y muchos de ellos han sido creados para el servicio de los humanos, con la tarea específica de enseñarnos y guiarnos hacia la sabiduría del señor dios único.
No quiero exagerar, pero casi cada día siento la presencia de los ángeles y conozco de numerosos casos extraordinarios en que ello ha sucedido. Son manifestaciones potentes, que rompen los esquemas de la vida habitual, pero que nos hacen descubrir nuevos sentidos para la existencia.
Casos como esos, los relata el autor, primero en el pasado y luego en el presente.
En el pasado, desde la creación misma y hasta el maravilloso viaje nocturno del profeta desde la Meca a Jerusalén, con el arcángel Gabriel y montando el Buraq, caballo con cabeza humana, escoltado por miles de ángeles.
En el presente, son casos vividos por el propio autor o que le fueron relatados por personas de su confianza. No se trata de muchos casos, sino de situaciones muy paradigmáticas que, son relatadas con el detalle propio de su pluma y con una delicadeza notable.
Este libro abre puertas, enseña y entretiene, nos hace gozar con la dulce sensualidad de las palabras y la elocuencia espléndida de las descripciones y de los contenidos.
Es mucho lo que nos da a conocer, sabiendo que siempre será mucho más lo que deberemos aprender.
Al leer este libro podremos fortalecer la fe y abrirnos a pedir la ayuda de los ángeles. También, disponer humildemente a recibir, sabiendo que los ángeles, expresión de la voluntad divina, nos ayudan a través de otros, a veces, muchas veces, desde los más pequeños, los débiles y los ignorantes.
Sheik Hisham nos dice que el sufismo enseña que la iluminación espiritual no es sólo para individuos, sino para la humanidad como un todo.
El código sufi proclama: “Acepta a todos, no critiques a nadie excepto a ti mismo, y busca la fuente de paz y realidad dentro de ti.” Esto es lo que a mí me falta.
Para lograrlo es necesario tomarse un “tiempo fuera”, en palabras del Sheik Hisham, lo que quiere decir darse la posibilidad de mirarse a sí mismo y sus relaciones con los otros a la luz de dios y sus ángeles.
Auto examinarnos, para ir superando las negatividades y dejando fluir lo bueno de nosotros
El autor nos ha dicho que debemos aprender a tomarnos este tiempo para la introspección, aunque sólo sean 10 minutos al día, si queremos sentir ese sentido de equilibrio y tranquilidad interior.
Nuestros ángeles nos ayudan en ello.
El profeta Muhammad, con el paz y la gloria, estuvo tres días refugiado en Gar Thur, escondido de sus enemigos, y en esta fecha, en la noche de un 7 de febrero, se levantó con destino a Medina, para iniciar su tarea. Ya era un hombre grande.
Para nosotros ha llegado la hora de callar y escuchar al maestro.


Para ver y bajar el video de la presentación:

En este link: http://islamicsupremecouncil.org/multimedia.html Busca el video que quieres bajar. SON LOS NÚMEROS 41,42 y 43 de una lista que aparece.




sábado, noviembre 20, 2010

PRESENTACIÓN DE "RENACER, Occidente en la hora del cambio"

Quiero iniciar mi intervención agradeciendo a los presentadores. A Delia, con quien compartí los años duros en la Radio Cooperativa y a Sergio, compañero de estas búsquedas trascendentes.
Agradezco también a la editorial, que se entusiasmó en este proyecto.
Agradezco a todos ustedes que están aquí, porque de los lectores y los amigos se hace un entramado personal que es lo que nos va haciendo crecer como personas.
Agradezco a mis hijos y nietos, a la madre de mis hijos y mis amigas y mis amigas que tanto amor me han entregado, porque de ellos me he nutrido para seguir creciendo
Este año no fue fácil. La muerte de mi madre fue un hecho importante y aunque ya ha pasado el dolor, debo decir que me ha marcado mucho. No ha sido el único dolor, están las rupturas y las ausencias, pero todo va pasando y voy creciendo.
Hace 7 años publiqué LA CAMPANA INTERIOR. Ese fue un libro escrito a partir de la inquietud de mis alumnos, quienes querían un texto en relación con los temas del pensamiento holístico que enseño en el Diplomado de Syncronía.
Desde el mismo día, nació la idea del paso siguiente: un libro con más propuesta, con más audacia. Pero fueron surgiendo otros proyectos, dos de los cuales con esta misma editorial y escritos en conjunto con mi amigo Sergio Melnick.
Al querer dar el salto, apareció de nuevo la demanda por LA CAMPANA, libro ya agotado y que contaba con una reimpresión. Fue entonces que Andrea Viu y Francisco Ortega me incitaron: reescribe ese libro. Es decir, un nuevo libro que contenga el anterior y nuevas propuestas.
Al escribir RENACER pienso también en los que no van a estudiar, los que transitan por otros caminos y se sienten inquietos por los sucesos del mundo. Personas que buscan entender por qué hoy se habla de tantos temas que fueron misteriosos hasta hace pocos años: vidas pasadas, regresiones, Tarot, astrología, espiritualidad, energías, ángeles, oráculos.
¿Por qué escribir y publicar esta obra?
Porque estamos en el final del principio, el último tramo del primer grado de una era que se abre convocadora y desafiante al mismo tiempo.
Los difusores de las culturas mayas han sostenido que el 21 de diciembre de 2012 se marca el final de un tiempo, lo que algunos han interpretado como el fin de todo y la destrucción del planeta. No hay ningún antecedente para que ello suceda. No hay más erupciones ni cataclismos, lo que pasa es que ahora los sabemos. Me atrevo a decir que lo que caerá en pedazos no serán los edificios, sino los viejos paradigmas y los viejos estilos, las antiguas formas de enseñar, de aprender, de sanar, de convivir, de organizar la sociedad.
Llevamos décadas transitando por Acuario sin que haya cesado la influencia de la era del dolor y la confusión. La claridad y la verdad se abren paso desde que los seres humanos respondieron a las bombas atómicas sobre Japón y a la eliminación de millones de seres humanos por parte del nazismo, con una declaración de LOS DERECHOS HUMANOS y no con una llamada a la venganza.
Se prendió la antorcha, con la mano de ese notable chileno que fue Hernán Santa Cruz, y el mundo comenzó un camino vacilante en las formas pero resuelto en el fondo.
Hoy, en la séptima década, podemos afirmar que hay más conciencia, más compromiso y más esperanzas, pese a que los defensores de la era que muere y los detentadores del poder intenten todo lo contrario.
El 2012, el solsticio de verano del hemisferio sur y el de invierno del hemisferio norte, marcan un límite, aunque el 22 de diciembre nos despertemos igual en apariencia.
El mundo está cambiando, como decía la canción de los sesenta y cambiará más.
La inquietud cunde. La prensa da cuenta de misterios; la ciencia desata nuevas interrogantes al hacer descubrimientos sorprendentes sobre los orígenes del planeta y de la humanidad en su conjunto; la historia se plantea más preguntas; falsos profetas y agoreros anuncian catástrofes y el fin del mundo para cualquier día próximo; el cine plantea catástrofes e invasiones extraterrestres; experimentamos cambios acelerados y constantes de la tecnología nos modifican la vida; hay violencia, desconcierto, miedo al calentamiento global y a la guerra nuclear, no ya producto de los conflictos de las grandes potencias, si no de terroristas o grupos marginales que tratan de adquirir protagonismo.
El mundo está cambiando y cambiará más.
Es evidente que hay una apertura diferente. Cuando comenzamos a dictar los cursos en Syncronía, por allá por 1995, todo lo que hablábamos era “muy raro”. Hoy, los temas en que incursionábamos son mucho más conocidos y aceptados.
Es cosa de recorrer librerías, ver la prensa, escuchar las radios, conversar con nuestros amigos, para darnos cuenta que hay muchos tópicos hoy compartidos y que ayer eran prohibidos o silenciados por prejuicios e ignorancia.
Por eso este libro: porque la comprensión de nuestro mundo renace en vísperas de este límite y necesitamos de instrumentos conceptuales para comprender el presente y trabajar por la construcción de una sociedad mejor en el tiempo futuro.
Dos ideas me interesa recalcar:
Primero, que occidente – esas culturas que nacen entre el Trigris y el Eufrates, pasan por Europa y África y llegan hasta las costas del Pacífico - tiene una visión esotérica que, más oculta a veces, más pública otras, permite comprender el mundo sin que debamos recurrir a un oriente como gestor de toda la sabiduría. La sabiduría de occidente renace cuando, luego del despertar de la ciencia y la técnica, el ser humano se alza como el proyecto emblemático del presente, mientras en otras tierras los líderes de la paz y el amor están encarcelados.
Segundo, que mientras en cada una de las eras que nos precedieron durante al actual humanidad se alzó un avatar que catalizó la orientación, para la era que se inicia no hay más avatar que la conciencia generalizada de seres humanos que avanzan en el proyecto de amor.
En estos años está naciendo una nueva humanidad. La nuestra, que vivió las glaciaciones y su final, que vivió experiencias increíbles, la mayor parte de las cuales no se trasmitieron claramente hasta nosotros, esa humanidad fundadora de civilizaciones, esa humanidad que logró sobrepasar su propia violencia y proyectarse hasta la era acuariana, esa humanidad presencia su ocaso ante una nueva humanidad que ya está poblando el mundo.
Los viejos – es decir, los que ya tenemos más de 60 años – somos los últimos nacidos en la era que se muere e iniciamos, junto a los más jóvenes el proceso de construcción del tránsito. Los nacidos en 1974 y 1992, pertenecen a ambos mundos, son el nexo vivo entre la era que muere y la que comienza nacer. Algunos hablan de la generación perdida, otros de la generación sacrificada. Los menores, son los primeros integrantes de esta nueva humanidad.
Todos los que estamos vivos hoy, cualesquiera que sea el papel que estemos jugando, somos los protagonistas del cambio de era. Somos los “constructores”, los “trabajadores de la luz” o, simplemente, como me gusta decirlo a mí, “trabajadores del nuevo paradigma”.
Mi principal aporte creativo reside en la forma de presentar el contenido, desde la compilación y organización del conocimiento, hasta el uso de palabras del lenguaje común para referirme a temas hasta ahora manejados como materias de especialistas, a lo que deberán agregarse mis particulares puntos de vista, nacidos no sólo de mis aprendizajes, sino también de mis experiencias.
Quiero que este libro sea recibido como un intento desatar en el interior de cada persona, no la adhesión a mis ideas, sino un proceso de diálogo, agitación, interés. No pretendo que estén de acuerdo conmigo, sino que acepten la oportunidad de reflexionar y mirar dentro de sí y más allá de sí mismos simultáneamente, consiguiendo que se activen nuevas conexiones internas con el conocimiento, el pensamiento y la sabiduría.
Abro puertas y ventanas, sabiendo que nadie hace el camino por otro. No olvidemos que la gran paradoja de la visión holística del mundo es la comprensión de que nada es sólo individual, aunque sea siempre individual y que nada es sólo grupal, aunque sea siempre grupal.
Finalmente, permítanme decirles que soy un optimista. Invitado por Radio Uno, escribí y leí un texto para los chilenos del 2110. En ese texto decía:
“El amor es el motor que me mueve y que mueve a muchos hoy. Amar es dar y recibir, amar es entregar la energía, es comprometerse intensamente compartiendo el dolor y la alegría.
Todo esto es lo que constituye mi sueño: una sociedad de respeto, amor, solidaridad, justicia, participación y el más pleno desarrollo humano.
Y soy un optimista. A mis alumnos de hoy les digo: antes de 200 años, estaremos viviendo ese mundo.
Ustedes, chilenos del 2110, están mitad del camino. ¿Cuánto han avanzado? ¿Son ustedes la generación que estamos esperando o Chile deberá esperar a otros?
Por mientras nosotros escribimos y leemos, nos reunimos.
Compramos el libro.
Discrepamos, concordamos y, sobre todo, celebramos. Viva el amor.

jueves, noviembre 04, 2010

Las penas

Me preguntas cómo se viven las penas y el dolor.

Para esto no hay recetas, sólo te traspaso mi experiencia.

Las penas las vivo con alegría.

Lloro, pero sabiendo que todo dolor tiene un significado y que no existe el pesar eterno.

Comprenderé el significado y trabajaré por descubrir las nuevas rutas hacia el cumplimiento de mi tarea.

Eso y no otra cosa será la felicidad.

jueves, octubre 14, 2010

DE LA CULPA A LA LIBERTAD

Presentación en el seminario LAS FANTASÍAS DEL CAMBIO organizado por la revista COSAS.

Gracias a dios, hombres y mujeres somos distintos. Repito con el poeta: “no conozco el sexo opuesto, sólo conozco el sexo complementario”.
Porque he descubierto que hombres y mujeres no somos enemigos ni seres confrontacionales, sino dos partes necesarias de un proceso maravilloso, que es la vida misma.
Según uno de los relatos bíblicos, cuando dios creaba el mundo, al llegar al sexto día creó al ser humano.
Vamos al texto preciso:
Dijo dios: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”.
“Creó, pues, dios al ser humano a imagen suya, a imagen de dios lo creó, macho y hembra los creó”.
A ellos les dio la tarea ser fecundos y multiplicarse; y dominar todo lo que existe. Puso la naturaleza entera a su servicio, animales y vegetales, para que hiciera todo cuanto debía hacer. Ni siquiera les prohibió comer esto o lo otro.
Este antiguo texto nos habla de este ser humano plural, macho y hembra, que se complementan para poblar el mundo y dominarlo, para transformar la realidad y abrirse paso en medio de la naturaleza, en un proyecto que es, nada más ni nada menos, que el de alcanzar la divinidad.
Seres creados a imagen y semejanza de ese dios único e integrador, que buscan su propia integración, en un esfuerzo constante de progreso espiritual.
Son dos energías, una de actuar y otra de acoger, una de penetrar y otra de recibir, una de plantar la semilla y otra de hacerla de germinar, energías que se presentan como proyectos concurrentes.
Hasta que un día, hace varios miles de años, al nacer la era de Leo, cuando terminaban los hielos y los seres humanos se abrían paso recuperando tierras y animales, surgieron aquellos que querían la gloria y el poder para sí, los que querían mandar y ser obedecidos, imponer su voluntad.
Fuerza misteriosa, una compulsión de dominar, todo ello vinculado a la idea que nos proporciona el sol. Es la ansiedad de una realeza o de una tiranía, la apropiación de las relaciones con lo divino, que confrontarán las energías de la conservación y la gestación con las del acto de engendrar y partir.
Los modelos van cambiando y, mientras en unos pueblos las antiguas sacerdotisas sedentarias logran mantener las tradiciones de integración, respecto y acogida, en otros, los guerreros nómades quieren apoderarse de todo lo que está a su paso, destruir lo que no comprenden y someter a las fuerzas que parecen estar fuera de su control.
Las sacerdotisas serán sometidas o destruidas, para entregar a sacerdotes masculinos el mando.
La fuerza aplasta a la sabiduría.
No es la confrontación de hombres contra mujeres, sino de machos ambiciosos de poder contra el orden armónico de las relaciones complementarias, en sociedades en las que la paz y el entendimiento constituían las motivaciones centrales de los administradores.
Los pueblos del oriente someten con dureza a todo lo que se oponga a estos nuevos poderes de la fuerza y al mando unipersonal o de grupos reducidos que se autoproclaman superiores.
Son los machos. Las hembras serán sometidas, postergadas, maltratadas.
Y así se construye en ese oriente extremo, una civilización sobre la base de una feroz dictadura machista que ya lleva cinco mil o más años, en que el poder se ha radicado en la energía masculina tanto de los hombres, como de ciertas mujeres que predominan en los momentos en que los hombres se debilitan.
En nuestro occidente va pasando de todo, pues mientras en algunos pueblos dominadores se mantienen las valoraciones de lo femenino, otros deciden imponer la energía del macho.
Siguiendo las corrientes de una nueva mitología, surgen las religiones que conducirán hacia las civilizaciones contemporáneas.
Un dios machista, colérico, reglamentario y guerrero, autodenominado “señor de los ejércitos” - lo que ya dice mucho de sí mismo y sus estilos - ordena una estrategia en la que la mujer sólo cumplirá papeles secundarios, utilitarios o malévolos.
Se incrusta, entonces, en la Biblia, el segundo relato de la creación:
“Yahvé dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente.”
“Tomó Yahvé dios al hombre y lo dejó en el jardín del Edén para que lo labrase y cuidase. Y dios impuso al hombre este mandamiento: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día en que comieres de él, morirás sin remedio”.
“Dijo luego Yahvé dios: no es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”.
Entonces dios creó los animales.
“Pero no encontró el hombre en ellos una ayuda adecuada.”
Entonces dios hizo dormir al hombre, le sacó una costilla y de ella hizo una mujer. Y el hombre se alegró, porque la reconoció como suya, dependiente de él, una ayuda adecuada.
Pero muy pronto, este dios machista, no contento con esta subordinación, hace recaer sobre la mujer un atentando contra dios mismo, el pecado más grande la humanidad, que traerá desde su óptica, consecuencias a todo el mundo.
Dice el texto bíblico que la serpiente, el más astuto de todos los animales, dialogó con la mujer para incitarla a comer del árbol prohibido, sosteniendo que:
“De ninguna manera moriréis. Es que dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.”
Entonces la mujer comió y dio de comer a su marido, que igualmente comió.
Y cuando dios interpela al hombre, preguntándole si ha comido del fruto prohíbido, éste respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí”.
Él es víctima de la mujer que dios le dio. La inocencia de los hombres es atávica.
La mujer, como toda defensa, arguye haber sido seducida por la serpiente, pero no niega su responsabilidad y participación.
Y dios le da como castigo la fatiga de los embarazos y el dolor del parto, además del anatema: “Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará”. ¡EL TE DOMINARÁ!...
No extenderé esta intervención con los numerosos castigos que se impone a las mujeres o con la diferencia en cuanto a castigar a una mujer por sus faltas a la ley en forma mucho más dura que a un hombre por la misma razón y situación.
Todo se justifica, porque por una mujer entró el pecado en el mundo y serán las mujeres las que, intrigando, traicionando, mintiendo, faltas de fe, incitadoras del pecado, dificultarán el acceso del hombre a la santidad.
Dos mil quinientos años después, junto con estigmatizar a los humanos entre normales y anormales, otro profeta, esta vez de las ciencias y la sicología, Freud, no sólo ratifica las culpas femeninas, sino que consagra su frustración e inferioridad al sexo masculino en una proclama sobre la relevancia del falo.
Se ha construido un modelo en que las mujeres deben pagar histórica y eternamente por sus culpas, sin más explicación: las cosas son así, dicen los defensores de la urdida “normalidad”.
Pero las cosas no serán siempre así, sino que comienzan a cambiar.
No sólo el peso de la historia, sino la fuerza cósmica de los ciclos universales, reconducen las energías hacia el punto debido.
Cuando hoy, en vísperas del 2012, vivimos los últimos tramos del primer grado acuariano, cuando experimentamos el fin del principio de la nueva era, sabemos que estamos en las antípodas de ese momento de los deshielos, cuando surgió la fuerza del macho, revestido de patriarcalismo o de simple guerrero.
Hoy el mundo está en el cambio, es el cambio de era y el inicio de la era de la transformación.
Por eso esta convocatoria que hoy nos hace la Revista Cosas es desafiante y hermosa: Las fantasías del cambio. La fantasía es nuestra capacidad de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las cosas ideales en forma sensible o de idealizar las reales.
Y eso es lo que estamos haciendo. Poner palabra e imagen en nuestro interior a los desafíos que estos dos milenios precedentes y los milenios siguientes nos proponen.
Soñaremos con el mundo de amor, paz, armonía y compañerismo, sin culpas ni dominaciones.
Dije en mi poema “Compañera”:
En el frío, tus ojos
en el miedo, tu abrazo
en la ansiedad, tus piernas

abierta tú, hermosa
esperando mi cuerpo
mi humedad,
la dureza interrogante.

Gracias, amada
por tu mano
ahora mismo

puesta aquí
en esta espalda mía

ahora, aquí
en esta hora de dudas
en esta mañana de chubascos
y dolores.

En la mesa dura
en la inmensidad pendiente,

toda tú, amada compañera.
Hace dos mil años, el avatar de la naciente era de Piscis, Jesús también llamado Cristo, reabrió espacios a las mujeres, pero sus seguidores prefirieron continuar con el imperio de la era y redujeron a una sola mujer el aporte: proclamando que así como por una mujer entró el pecado en el mundo, por una entró la salvación.
Y para ello era preciso que esa concepción no considerara como parte del natural proceso de engendrar, el placer sexual de esa mujer, a través de la cual además se ha querido condenar a la privación eterna de otro goce que no sea la contemplación y obediencia a su hombre.
Pero, ya han pasado dos mil años y muchos procesos. Las mujeres han sido mayoritarias en sustentar el mundo esotérico, pero aun en esas vertientes de conocimiento, los hombres se han convertido en los jefes, los guías, los gurúes. Sólo unos pocos movimientos abren paso a mujeres como Madame Blavastky, Annie Beasant, Pamela Colman Smith y otras pioneras.
Puede ser cierto que esas mujeres no aspiran a otro poder que el interior, el que surge del amor y del espíritu, del esfuerzo íntimo y del desarrollo personal. Pero no ésa la organización que la naturaleza y la divinidad han propuesto al mundo.
Hay algo natural en los cuerpos de hombre y mujer. No somos iguales y ya lo sabemos. No es lo mismo recibir que penetrar. Nuestras energías son diferentes, nuestra musculatura, nuestros cerebros, nuestras pieles, las formas y las hormonas, todo es distinto.
Desde esa naturaleza física distinta, surge una condicionante psicológica que se relaciona íntimamente con la energía de contención y recepción – femenina - y la de acción y movimiento - masculina -, que tanto para hombres y mujeres debe llegar a darse en iguales proporciones, respetando el cuerpo y la psiquis, validando lo profundo del alma humana.
Es la mágica relación entre lo natural y lo que aprendemos
Hay algo propio de cada uno, de hombres y mujeres, que debe manifestarse de modo potente y algo ajeno que hacemos propio.
La primera mitad del siglo XX fue el tiempo de la antesala del cambio.
Las mujeres tienen hoy espacios sociales de los que no disponían hace algunos decenios.
Al promediar el siglo XX obtienen su derecho a voto y, como ciudadanas, pueden intervenir en política. Desde entonces, el mundo universitario y el mundo del trabajo han abierto puertas antes vedadas y muchas mujeres se han incorporado a tareas que fueron por mucho tiempo privativas de los hombres. Como bien sabemos, incluso, en ciertas áreas específicas, ahora sólo se piensa en contratar mujeres.
Muchas mujeres han asumido que el rol de “proveedor del hogar” ya no corresponde solamente al hombre, hasta el punto que hay un alto porcentaje de mujeres que han sido definidas como “jefes de hogar”.
Gran parte de esas mujeres, de distintos sectores sociales, viven la experiencia de la duplicidad de roles: altas exigencias en el manejo del hogar y papel de proveedor único o compartido.
La incorporación al mundo del trabajo como un espacio de satisfacción y realización integral, se ve algunas veces postergada o disminuida por la opción que la mujer hace de dedicarse unos años a “la crianza” de los hijos. Si bien es cierto que esa función es asumida gozosamente en cierta etapa, rápidamente se adquiere conciencia de que, siendo eso muy importante y dignificador, no siempre es visto y vivido así, no sólo por la sociedad (lo que sería poco significativo) o por ella misma (lo que sería suficiente como para asumirlo con seriedad), sino por los otros integrantes del grupo familiar (lo que resulta ser injusto y doloroso).
El sacrificio personal de mujeres que postergan su propia realización profesional y el desarrollo de ámbitos personales, no es apreciado cuando muchos sostienen que la mujer que se consagra a la crianza, a veces de numerosos hijos, es una mujer “que no trabajaba”.
Entre mitad del siglo XX y estos días de la primera década del siglo XXI, presenciamos una dramática postergación.
El sacrificio de sí misma en aras del bienestar de la familia no siempre es comprendido ni aceptado por los otros y la propia mujer se siente desvalorizada. Hay veces en que acepta vivir una suerte de situación disminuida, como si ella no pudiera hacer nada significativo por sí misma.
Por otro lado, hay mujeres que no tienen la alternativa, sino que deben asumir el rol laboral por imperativos económicos o sociales. Lo que ellas viven, cuando tienen hijos, es similar a lo que le sucede a aquellas otras a quienes se ha propuesto, como estrategia de superación de las frustraciones, salir en busca de un trabajo. Sin descartar que en algún caso eso pueda ser efectivo, el problema es más profundo.
Desarrollar una actividad remunerada fuera de casa o experimentar la realidad de vivir ambos roles de modo inevitable, puede conducir a mayores frustraciones, a sentimientos de culpa y a una angustia por tensiones (stress) que puede bajar la autoestima de modo peligroso, si acaso eso no va acompañado de la valoración consecuente.
Y todo esto sin olvidar que a iguales funciones, muchas veces las remuneraciones de las mujeres son inferiores a las de sus pares masculinos.
Me pregunto:
• ¿Se puede ser feliz viviendo no sólo la postergación, sino muchas veces la desvalorización de ese esfuerzo?
• ¿Es lícito pedir que se renuncie a los roles propios y excluyentes para asumir otras funciones en la sociedad?
• ¿Es posible modificar la realidad, pudiendo vivir feliz sin por ello abandonar las responsabilidades asumidas en el mundo exterior y los compromisos pactados en el nivel familiar?
Sí, todo es posible, pero para ello deben darse cambios en el nivel social y en el nivel personal. La vieja discusión respecto de qué es primero, si el cambio social o el personal, ha quedado fuera de contexto, ya que sabemos con certeza que ambos procesos se retroalimentan y son confluyentes.
La expansión de la conciencia personal y la asunción de las tareas que a cada quien corresponde, en una creciente dinámica de inserción en el medio social del cual podremos hacernos responsables junto a los demás, es la estrategia adecuada.
Es lo que hemos llamado DESARROLLO PERSONAL.
La persona se reconoce a sí misma, toma contacto con sus potencias y sus límites y, desde esa realidad asumida con conciencia creciente, es capaz de obtener espacios de mayor felicidad y plenitud en el campo de su propia realización.
Estamos en la hora del cambio y anticipamos lo que vendrá.
Es nuestra fantasía. Para ello debemos aprender a aceptar y aprender a transformar. Aceptar aquellas realidades que no se pueden cambiar; asumir el protagonismo en todo lo que nos toca realizar y transformar. Pero, lo más importante es tener sabiduría para distinguir ambas realidades.
Pero, las medidas concretas de nuestra vida deben ser fruto de actos conscientes y no sólo de recetas externas. El contacto de la realidad interior con las exigencias del mundo, permite formular planes concretos de vida que aumentan la felicidad y la sensación de plenitud. Muchos hemos tenido la experiencia de sentirnos contentos aun en medio de condiciones no siempre satisfactorias. Y eso se debe a que es posible encontrar la armonía, sin depender completamente del mundo exterior.
Cuando la persona conoce sus potencialidades y sus límites y se relaciona bien con ellos, introduce un elemento de cambio en su entorno.
En los años 70 surgió un movimiento que se expresa hasta hoy y que yo denomino “el camino de la confrontación”. La definición teórica se basa en que hombres y mujeres somos iguales y debemos tener los mismos derechos. Sin embargo ello va acompañado de demandas que pueden ser vistas como proteccionismo.
Sergio Melnick anunciaba (¡denunciaba!) hace un año en esta tribuna, que esa estrategia nos lleva a la desaparición del macho en un plazo no breve, pero no lejano.
A esta estrategia se ha opuesto la del “Camino de la integración”. Es el punto de vista de las comunidades esotéricas, los cabalistas cristianos, el pensamiento holístico.
La coniunctio spiritum, el coito sagrado entre el rey y la reina que los hace ser uno en carne y espíritu, la unión indisoluble en cada ser humano de las energías femeninas y las energías masculinas, nos conduce a la comprensión y el entendimiento.
Pero hoy, cuando ya avanzamos por Acuario, las cosas han ido aun más lejos. El camino que se abre por delante es el de la libertad. No más la culpa de todos los males para las mujeres, pero tampoco forma alguna de privilegio y supremacía.
Hoy la tarea es construir la verdadera libertad, fuente del verdadero poder. La libertad es la capacidad de comprometerse consigo mismo y con el otro; asumir la posibilidad del error; la decisión de cumplir o no cumplir la tarea asumida antes de nacer.
El cambio nos lleva a esta ruta: la horizontalización de las relaciones, el respeto por la persona humana, el reconocimiento de la integración de las energías diferentes y, la libertad, por sobre todo la libertad, para elegir hacernos cargos de nuestro propio ser y de nuestra propia tarea.
Las culpas han quedado atrás. Hoy sabemos que todo es compartido y nadie es más o menos culpable por su naturaleza.
Los hombres miramos a las mujeres del siglo XXI y les decimos que queremos sentirlas fuertes y libres, tiernas y presentes, buscando el encuentro.
No más culpas: es la hora de respirar hondo y amarnos en la intensidad de la diferencia y en la igualdad esencial del espíritu.
Es la fantasía del cambio, lo que ansiamos construir: seres libres y amorosos, que se encuentran porque deciden hacerlo, porque deciden amar y no sólo porque quieren satisfacer necesidades.
Por ello, leo el poema que tanto le gustó a Lola Hoffman, la mujer que se atrevió a cruzar umbrales cuando cumplió los cincuenta años.
ALIVIO
CONTIGO siento alivio.
Porque puedo amar sin excusas,
puedo reír sin decir por qué
puedo llorar sin esconderme.

Siento ese alivio profundo
de no tener que cuidarte
ni consolar tu llanto
ni hacer coro a tu alegría.

Siento alivio
porque tienes vida,
la tuya propia
y no me pides nada.

Siento alivio, profundo,
desde el vientre y el pulmón
con un amor certero y
un beso en la cara.

Siento alivio
porque no te enseñé a caminar
ni hablar ni reír
sino que llegaste por tus propios pies
llevando tu carga,
tan tuya,
y no me pides nada.

Contigo siento alivio
pues ni siquiera esta noche
debo decirte gracias.